Las Olas
Las Olas »Sí, pero todavía me molesta el orden habitual. No dejaré que se me haga aceptar tan pronto la causalidad de las cosas. Pasearé, no cambiaré el ritmo de mis pensamientos mediante paradas, miradas; pasearé. Subiré los peldaños que llevan a la galería, y me someteré a la influencia de mentes, como la mía, ajenas a la causalidad. Queda poco tiempo para dar una respuesta, mis poderes desfallecen, me vuelvo torpe. Aquí hay pinturas. Aquí hay indiferentes vírgenes entre columnas. Dejemos que se ofrezcan para hacer descansar a la mente de su incesante actividad, la cabeza vendada, los hombres con las cuerdas, para que pueda hallar algo no visual por debajo. He aquí jardines, Venus entre las flores, aquí hay santos y vírgenes azules. Misericordiosamente, estas pinturas no se refieren a nada, no reclaman la atención, no señalan. Y así expanden mi conciencia de él, y me lo devuelven cambiado. Recuerdo su belleza. “Mira por dónde viene”, dije.