Las Olas
Las Olas »Esto es Oxford Street. Aquí, el odio, los celos, la prisa y la indiferencia se convierten en la espuma de una enloquecida apariencia de vida. Éstos son nuestros compañeros. Consideremos a los amigos con los que nos sentamos a comer y charlar. Pienso en Louis, leyendo las noticias de los deportes en un periódico vespertino, temeroso de hacer el ridículo, un esnob. Mientras mira a la gente que pasa, dice que será nuestro guía si lo seguimos. Si nos sometemos, nos reducirá al orden. Y de esa forma hará llevadera la muerte de Percival, para satisfacción propia, mirando por encima de las vinagreras, más allá de la casas, al cielo. Bernard, mientras tanto, se deja caer con los ojos enrojecidos en un sillón. Tiene el cuaderno de notas, en la M escribirá una entrada: “Frases para utilizar en la muerte de amigos.” Jinny girará por la habitación, se sentará en el brazo del sillón, y preguntará “¿Me amaba?” “¿Más de lo que amaba a Susan?”. Susan, en el campo, comprometida con su granjero, se quedará durante un segundo con el telegrama ante sí, sujetando un plato; y luego, con un golpe de talón, cerrará de golpe la puerta del horno. Neville, después de quedarse mirando la ventana a través de las lágrimas, verá a través de las lágrimas, y se preguntará: “¿Quién pasa ante la ventana?” “¡Qué chico tan guapo!”. Ésta es mi ofrenda a Percival: violetas ajadas, violetas ennegrecidas.