Las Olas
Las Olas —Vi a Florrie en la huerta —dijo Susan—, al regresar del paseo, con la colada al viento, alrededor de ella, pijamas, bragas, camisones inflados. Y Ernest la besaba. Llevaba el delantal de bayeta verde, limpiaba la plata; y tenÃa la boca hundida como una bolsa arrugada, y la cogió mientras los pijamas se movÃan entre ellos. Estaba ciego como un toro, y ella se desmayaba de angustia, sólo unas venitas enrojecÃan sus blancas mejillas. Ahora, aunque pasen platos de pan y mantequilla y las tazas con leche a la hora del té, veo una hendidura en la tierra de la que brota siseando un vapor; y la tetera ruge como rugÃa Ernest, y yo me muevo al viento igual que los pijamas, me moveré asà incluso cuando mis dientes se junten en el pan tierno con mantequilla, y sorba la dulce leche. No temo al calor, ni al frÃo invierno. Rhoda sueña mientras chupa una corteza mojada en la leche, Louis contempla la pared de enfrente con ojos de color caracol verde, Bernard hace bolitas con el pan, y las llama «gente». Neville con sus hábitos limpios y decisivos ha terminado. Ha enrollado la servilleta, y la ha introducido en el servilletero. Jinny hace girar los dedos sobre el mantel, parece que estuvieran bailando, haciendo molinillos. Pero no temo al calor ni al helado invierno.