Las Olas
Las Olas —Ahora —dijo Louis—, nos levantamos, nos ponemos en pie. Miss Curry extiende el libro negro sobre el armonio. Es difÃcil no llorar cuando cantamos, mientras pedimos a Dios que nos proteja cuando dormimos, y nos llamamos niñitos a nosotros mismos[82]. Cuando estamos tristes y temblamos de aprensión, es dulce cantar a coro; ligeramente inclinados, yo hacia Susan, Susan hacia Bernard, con las manos unidas; con tanto miedo, yo de mi acento, Rhoda de los números; y, sin embargo, dispuestos a vencer.
—Subimos igual que un tropel de ponies —dijo Bernard—, pateando, haciendo ruido uno tras otro para esperar el turno en el baño. Nos pegamos, luchamos, saltamos una y otra vez sobre las blancas y duras camas. Me llega la vez. Ahora voy.