Las Olas
Las Olas »Mrs. Constable, ceñida con una toalla de baño, coge la esponja de color limón, y la empapa en agua, se vuelve de color marrón chocolate, gotea, y, sosteniéndola muy por encima de mí, que tiemblo bajo ella, la escurre. El agua se derrama por el surco de la columna vertebral. Brillantes flechas de sensaciones se disparan a cada lado. Estoy cubierto de carne caliente. Mis secos instersticios están mojados, mi frío cuerpo entra en calor, está empapado y tiene una luz mate. El agua baja y me envuelve como a una anguila. Ahora me envuelven toallas calientes, y su aspereza, al frotarme la espalda, mueve la sangre. Unas sensaciones ricas y pesadas se forman en la parte superior de mi cabeza; el día cae igual que un chaparrón: los bosques y Elvedon, Susan y la paloma. Desbordando las paredes de mi mente, corriendo juntos, el día cae copioso, resplandeciente. Ahora me ciño el pijama sin apretar demasiado, y me tiendo bajo esta fina sábana flotando en una luz tenue semejante a una película de agua tendida sobre mis ojos por una ola. Oigo, a través de ella, en la distancia, tenue y lejano, el coro que comienza, ruedas, perros, hombres que gritan, campanas de la iglesia, el coro que comienza.»