Las Olas
Las Olas —Y ahora —dijo Neville—, que empiece Bernard. Que se desahogue contándonos historias mientras estamos aquà echados. Que describa todo lo que hemos visto para que se convierta en una secuencia. Bernard dice que siempre hay un cuento. Yo soy un cuento. Louis es un cuento. Tenemos el cuento del limpiabotas, el del tuerto, el de la vendedora de bÃgaros. Que se desahogue con su cuento mientras estoy tendido y contemplo las figuras de rÃgidas piernas de los protegidos bateadores a través de la temblorosa hierba. Parece que todo el mundo temblara y se curvara: sobre la tierra, los árboles; en el cielo, las nubes. Miro hacia arriba, a través de los árboles, hacia el cielo. ParecerÃa que el partido se jugara allÃ. Tenuemente, entre las nubes blancas, oigo el grito «corre», y oigo gritar, «¿cómo fue ésa?». Pierden rizos de blancura las nubes al moverlas la brisa. Si pudiese permanecer siempre ese azul, si pudiese permanecer para siempre ese agujero, si pudiese durar siempre este momento…