Las Olas
Las Olas —No me gusta la oscuridad, ni dormir, ni la noche —dijo Jinny—; espero tumbada a que llegue el dÃa. Deseo que toda la semana sea un dÃa sin divisiones. Cuando me despierto pronto —me despiertan los pájaros, me quedo echada mirando cómo se vuelven cada vez más claros los tiradores del armario; después, la palangana; después, el toallero. Al iluminarse cada objeto de la habitación me late más aprisa el corazón. Siento que se me endurece el cuerpo y se vuelve rosa, amarillo, marrón. Mis manos recorren mis piernas y mi cuerpo. Siento las curvas, la delgadez. Me encanta oÃr resonar el gong y el comienzo de los ruidos: en un sitio, un golpe; en otro, un murmullo. Suenan las puertas, corre el agua. Ya ha llegado otro dÃa, ya ha llegado otro dÃa, grito, al tocar mis pies el suelo. Puede que sea un dÃa desdichado, un dÃa imperfecto. Me riñen con frecuencia. A menudo me censuran mis risas, que sea perezosa; pero incluso cuando Miss Matthews se queja de mi cabeza alocada veo algo que se mueve: una mancha de sol sobre un dibujo, o un burro que tira de la máquina de cortar la hierba por el patio, o una vela que cruza las hojas de laurel, de manera que nunca estoy triste. No pueden impedirme que, cuando Miss Matthews reza, dé pasos de baile a sus espaldas.