Las Olas
Las Olas —Louis y Neville —dijo Bernard— se sientan ambos en silencio. Ambos absortos. Sienten ambos la presencia de otras personas como un muro que se interpone. Pero a mà me gusta sentir la compañÃa de los demás, al momento las palabras hacen anillos de humo, veo cómo comienzan pronto las frases a desenrollarse de mis labios. Parece que una cerilla ha prendido fuego, algo huele a quemado. Sube un anciano, evidentemente próspero, un viajante. Al momento, deseo acercarme a él, intuitivamente me disgusta la idea de su presencia entre nosotros, frÃa, sin asimilar. No creo en la separación. No estamos solos. Y además me gustarÃa añadir otra adquisición a mi colección de observaciones valiosas acerca de la verdadera naturaleza del ser humano. Mi libro comprenderá muchos volúmenes, en los que aparecerán todas las variedades conocidas del hombre y la mujer. Se llena mi mente, como se cargan las plumas en los tinteros, con todo lo que suele ser el contenido de las habitaciones, de los vagones del tren. Tengo una sed constante e inmitigable. Ahora percibo signos muy débiles, que aún no sé interpretar, pero sà lo haré más adelante, de que su actitud de desafÃo se va a disolver. Su soledad muestra sÃntomas de grietas. Ha comunicado una observación acerca de una casa rural. Asciende de mis labios un anillo de humo (acerca de las cosechas) y lo inscribe en un cÃrculo, le hace entrar en contacto. La voz humana tiene una cualidad que desarma: no estamos solos, somos uno. Al intercambiar estas observaciones, sencillas, pero amables, acerca de las casas rurales, lo hago revivir y lo hago concreto. Es complaciente como un marido, pero no es sincero, es un pequeño contratista que da empleo a un puñado de hombres. Es importante en su localidad, ya es concejal, y quizá con el tiempo llegue a ser alcalde. Lleva un adorno grande, de coral, como un molar doble arrancado de raÃz, colgando de la cadena del reloj. Walter J. Trumble es la clase de nombre que le sentarÃa bien. Ha estado en América, con su mujer, en un viaje de negocios; y una habitación doble en un hotel pequeñuelo le costó el sueldo de todo un mes. Tiene una funda de oro en un incisivo.