Las Olas
Las Olas SE LEVANTÓ el sol. CaÃan sobre la orilla lanzas verdes y amarillas, dorando las cuadernas de la barca carcomida, y haciendo que brillasen el cardo de mar y sus hojas como cotas de malla azules semejantes al acero. La luz casi llegaba a perforar las olas finas y rápidas que corrÃan desplegadas igual que abanicos sobre la playa. La muchacha, que habÃa movido la cabeza, y habÃa hecho que todas las joyas —topacio, aguamarina, joyas con reflejos de agua y chispas de fuego— bailasen, asomó ahora la frente, y trazó con los ojos muy abiertos un camino muy recto sobre las olas. Se oscureció el chisporroteo de las olas, semejante al temblor de una caballa: se espesaron las olas, se hicieron más profundos los agujeros verdes, y se oscurecieron, y podrÃan atravesar las olas multitudes de peces errantes. Al romper y retirarse dejaban un borde negro de ramas y corcho sobre la orilla, y paja y palos, igual que si una chalupa muy ligera se hubiera hundido y hubiera reventado, y el marinero hubiese llegado a nado a tierra, y hubiese trepado al acantilado mientras dejaba que el mar expulsara a la orilla el frágil cargamento.