Londres

Londres

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Nunca se la veía a solas con un visitante; le desagradaba encontrarse a solas con una persona; la falta de amistades íntimas era una peculiaridad que compartía con numerosas anfitrionas. Por ejemplo, en el rincón, junto a la vitrina, siempre se sentaba un anciano que parecía formar parte tan integrante de aquel magnífico mueble del siglo XVIII como las patas de latón. Pese a su constante presencia, la señora Crowe siempre se dirigía a él como señor Graham, jamás John ni William, si bien en ocasiones lo llamaba «querido señor Graham» como si pretendiera subrayar el hecho de que lo conocía desde hacía sesenta años.

Lo cierto era que no buscaba intimidad, sino conversación. La intimidad tiende a engendrar silencio, y la señora Crowe detestaba el silencio. Necesitaba sentirse rodeada de una conversación amplia y general. No debía ser demasiado profunda ni demasiado ingeniosa, pues si se adentraba excesivamente en cualquiera de aquellos derroteros, sin lugar a dudas alguien se sentiría excluido y acabaría sentado con su taza de té sin decir esta boca es mía.





👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker