Los años
Los años Pero Nicholas no se movió. Sara ya se había perdido de vista. Eleanor miró a Nicholas. ¿Estaba irritado? ¿Se sentía desdichado? Lo ignoraba. Pero entonces una voluminosa forma surgió de la oscuridad; los faros estaban tapados con pintura azul. Dentro iba gente silenciosa, sentada apretujadamente, bajo la luz azulada todos tenían aspecto cadavérico e irreal.
—Buenas noches —dijo Eleanor estrechando la mano de Nicholas.
Cuando volvió la vista atrás vio a Nicholas todavía en la acera. Aún tenía el sombrero en la mano. Se le veía alto, imponente y solitario, allí solo, mientras los focos recorrían el cielo.
El autobús se puso en marcha. Eleanor se dio cuenta de que estaba mirando a un viejo, de pie en un rincón, que comía algo que sacaba de una bolsa de papel. El viejo levantó la vista y sus miradas se cruzaron.
—¿Quiere ver cuál es mi cena de hoy, señora? —preguntó el hombre alzando una ceja sobre sus ojos seniles, aguados y chispeantes.
Y le mostró, para que lo inspeccionara, una rebanada de pan con una tajada de carne fría o salchicha.