Los años
Los años Incluso aquí, en la niebla, donde gozaba de la libertad de decir lo que le viniera en gana, Crosby adoptaba un tono conciliador, porque sabía que querían desembarazarse de ella. Crosby agitó la mano en la que no llevaba la bolsa de la compra cuando dijo a Louisa que estaba dispuesta a complacerla. Siguió cojeando.
—Y muy poco me importaría irme —añadió con amargura, y eso se lo dijo solo a sí misma.
No era ningún placer seguir viviendo en aquella casa; pero no tenía otro sitio adonde ir; y los Burt lo sabían muy bien.
—Y estoy plenamente dispuesta a complacerla —repitió en voz alta, tal como se lo había dicho a la señora Burt.
La verdad era que Crosby ya no podía trabajar como antes. Le dolían las piernas. Hacer la compra consumía todas sus energías, por no hablar ya de limpiar baños. Sin embargo, ahora todo había quedado reducido a un lo tomas o lo dejas. En sus buenos tiempos, Crosby hubiera mandado a paseo a toda aquella gente.
—Gentuza…, gentecilla… —murmuró.
Ahora Crosby se dirigía a la criada pelirroja que ayer se fue de la casa, sin previo aviso. Esa chica conseguiría otro empleo fácilmente. Eso no le preocupaba. Así que a Crosby le tocó limpiar el baño del conde.
—Sucio animal, sucio animal —repitió.