Los años
Los años Crosby habÃa adquirido la costumbre de hablar solo. No veÃa a nadie; y el final del sendero quedaba borrado por la niebla. Reinaba un gran silencio. Solo las cornejas agrupadas en las copas de los árboles soltaban de vez en cuando un leve y extraño gruñido, y una hoja moteada de negro caÃa al suelo. La cara de Crosby se crispaba al caminar, como si los músculos se hubieran acostumbrado a protestar, involuntariamente, de los males y dificultades que la torturaban. Crosby habÃa envejecido mucho en los últimos cuatro años. Se la veÃa tan pequeña y encorvada que parecÃa difÃcil que pudiera cruzar el amplio espacio abierto, bajo el sudario de la blanca niebla. Pero Crosby tenÃa que ir a High Street para hacer sus compras.
—Sucio animal —volvió a musitar.
Aquella mañana Crosby habÃa tenido unas palabras con la señora Burt sobre el baño del conde. El conde habÃa escupido en el baño, y la señora Burt le habÃa dicho a Crosby que lo limpiara.
—SÃ, sÃ, conde… Tan conde como tú —prosiguió Crosby.
Ahora hablaba con la señora Burt.
—Estoy plenamente dispuesta a complacerla, señora Burt —prosiguió.