Orlando
Orlando ¡Y ahora de nuevo desciende la oscuridad, y ojalá fuera más profunda! ¡Ojalá fuera, casi podrÃamos exclamar desde el fondo de nuestros corazones, tan profunda que su opacidad no nos permitiera ver nada! ¡Ojalá pudiéramos ahora empuñar la pluma y escribir la palabra fin! Ojalá pudiéramos ocultar al lector el conocimiento de lo que sigue y decirle en breves palabras: Orlando falleció y lo enterraron. Pero aquÃ, ¡ay de mÃ!, la Verdad, la Franqueza y la Honradez, austeras diosas que hacen la guardia junto al tintero del biógrafo, gritan: ¡La Verdad!, y por tercera vez retumban en concierto: ¡La Verdad y sólo la Verdad!