Orlando
Orlando Aprovecharemos su viaje —ya que el paisaje recorrido era un paisaje clásico inglés que no requiere descripción— para subrayar una o dos circunstancias de nuestro relato. Se habrÃa notado, por ejemplo, que Orlando escondió su manuscrito al ser interrumpida. Además, que se miró larga y atentamente en el espejo; y ahora, camino de Londres, uno podÃa notar un sobresalto y un grito ahogado cada vez que los caballos se apresuraban. Esta modestia de su obra, esta vanidad de su persona, estos temores por su seguridad, parecen desmentir lo que antes dijimos sobre la absoluta igualdad de Orlando hombre y de Orlando mujer. Se estaba poniendo algo más modesta, como la mayorÃa de las mujeres, de su inteligencia; un poco más vanidosa, como la mayorÃa de las mujeres, de su persona. Ciertas sensibilidades aumentaban, otras disminuÃan.