Orlando
Orlando No se explica el pasaje, en tan breve tiempo, de la intoxicación al disgusto, sin admitir que esa misteriosa mixtura que llamamos sociedad no es buena o mala en absoluto, sino que encierra un espíritu volátil y poderoso, que produce embriaguez, cuando uno lo juzga encantador, como empezó juzgándolo Orlando, y náuseas cuando uno lo juzga repulsivo, como acabó Orlando por juzgarlo. Que el habla tenga mucho que ver con esa embriaguez o con esa náusea, he ahí lo que dudamos. A veces una hora de silencio es la más exquisita, el ingenio puede ser aburridor a más no poder. Pero dejemos esto a los poetas, y sigamos con nuestro cuento.