Orlando
Orlando Como a ningún hombre sensato le puede interesar la pregunta anterior, pasémosla por alto (ya que los biógrafos comparten con los historiadores el privilegio de no tener sexos) y registremos simplemente que a Orlando le agradaba muchísimo la sociedad de las mujeres —hecho imposible, según los caballeros demostrarán.
Se hace más y más difícil dar exacta cuenta de la vida de Orlando en aquella época. Al espiar y avanzar por los patios mal alumbrados, mal pavimentados y mal ventilados que había en los alrededores de Gerrard Street y de Drury Lane, la descubrimos un instante y la perdemos acto continuo. La tarea es aún más difícil por sus frecuentes cambios de traje de hombre a traje de mujer. Suele figurar en memorias contemporáneas como «Lord» Tal y Tal, que realmente era su primo; le atribuyen a él sus rasgos de generosidad, y hasta las poesías que ella compuso. Parece que no le costaba el menor esfuerzo mantener ese doble papel, pues cambiaba de género con una frecuencia increíble para quienes están limitados a una sola clase de trajes. Ese artificio le permitía recoger una doble cosecha, aumentaron los goces de la vida y se multiplicaron sus experiencias. Cambiaba la honestidad del calzón corto por el encanto de la falda y gozaba por igual del amor de ambos sexos.