Orlando
Orlando Al regresar de esas andanzas —se habló entonces de un duelo, del comando de un navÃo del Rey, de una lanza desnuda en un balcón, de una fuga hasta Holanda con cierta dama y de la persecución del esposo —pero nada diremos de la verdad, o falta de verdad, de esas habladurÃas—, al regresar, decimos, de esas andanzas, le gustaba detenerse ante las ventanas de un café, donde podÃa ver a los literatos sin que la vieran, e inferir de sus gestos, las cosas sabias, ingeniosas e irónicas que sin duda decÃan, todo eso sin oÃr ni una palabra; lo cual era tal vez una ventaja; y asà una noche estuvo media hora viendo tres sombras que bebÃan juntas el té en una casa de Bolt Court.