Orlando

Orlando

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—Los pleitos están fallados —leyó…— algunos a mi favor, como por ejemplo… otros no. El matrimonio turco, anulado (yo era Embajador en Constantinopla, Shel —le explicó—). Los hijos declarados ilegítimos (decían que yo tuve tres de Pepita, bailarina española). De modo que no heredan, lo que siempre es una ventaja… ¿Pero? ¡Ah!, ¿qué resuelven del sexo? Mi sexo —recitó con alguna solemnidad—, se declara indiscutiblemente, y sin asomo de duda (¡qué no te decía yo hace un momento, Shel!), femenino. Las propiedades, que no han sido confiscadas a perpetuidad, pasan a los sucesores varones, o a falta de casamiento —pero aquí se aburrió de esa jerigonza jurídica, y dijo—, pero no habrá ninguna falta de casamiento ni de sucesores, así que el resto, se puede dar por leído. —Con lo cual estampó su propia firma junto a la de Lord Palmerston y entró inmediatamente en legítima posesión de sus títulos, su casa y propiedades —tan reducidas ahora, por los gastos prodigiosos de los litigios, que a pesar de ser otra vez noble indefinidamente, era también pobrísima.

Cuando se supo el resultado del pleito (y los rumores corren con mayor velocidad que el telégrafo, que los ha suplantado), la ciudad entera se llenó de festejos.



👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker