Orlando
Orlando Sinceramente, la consideraríamos una persona del todo dispersa, si no fuera por una pantalla verde que se descorrió a la derecha, donde los pedacitos de papel daban más despacio, y luego otra a la izquierda que dejaba ver cada pedacito girando y descendiendo en el aire; y luego hubo continuas pantallas verdes a cada lado, y su espíritu recuperó la ilusión de contener las cosas y vio un ranchito, un gallinero y cuatro vacas, todo exactamente de tamaño natural.