Orlando

Orlando

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Él le habló entonces de los ciervos que andaban por la nieve, y cómo se metían en la gran sala en busca de calor, y un viejo les daba avena cocida en un balde. Ella lo alabó entonces: por su amor a los animales; por su hidalguía; por sus piernas. Encantado con sus lisonjas y avergonzado de pensar que la había calumniado imaginándola en las rodillas de un vulgar marinero y aletargada y gorda a los cuarenta años, le dijo que no encontraba palabras para elogiarla; pero instantáneamente pensó que era como la primavera, y el verde césped, y las aguas que corren, y apretándola con más fuerza la hizo virar con él en una media luna, de suerte que las gaviotas y los corvejones viraron también. Y al detenerse al fin, sin aliento, ella le dijo, un poco anhelante, que él era como un árbol de Navidad con un millón de velas (como los que hay en Rusia), adornado de globos amarillos; incandescente; capaz de iluminar una calle entera (así podríamos traducirlo), porque con sus mejillas resplandecientes, sus rizos oscuros, su capa negra y carmesí, parecía irradiar una luz propia, desde una lámpara interior encendida.






👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker