Orlando
Orlando Muchos Reyes, Reinas y Embajadores habÃan sido allà recibidos; también, muchos Jueces y sus armiños. Las damas más hermosas del Reino se habÃan reunido en ese lugar, y los más adustos guerreros. Banderas de Agincourt y de Flodden pendÃan de los muros. Se alineaban ahà los pintados escudos de armas con sus leopardos y sus leones y sus coronas. Ahà estaban las largas mesas con su vajilla de oro y de plata, y ahà las vastas chimeneas de esculpido mármol de Italia donde ardÃa cada noche una encina entera, con un millón de hojas y sus nidos de cuervos y de grajos, hasta que no quedaban más que cenizas. Nicholas Greene, el poeta, estaba ahora ahÃ, de sombrerito requintado y justillo negro, con una valijita en la mano.