Una habitacion propia
Una habitacion propia Yo terminarÃa aquÃ, pero la presión de la convención decreta que todo discurso debe terminar con una peroración. Y una peroración dirigida a mujeres deberÃa contener, estaréis de acuerdo conmigo, algo particularmente exaltante y ennoblecedor. DeberÃa imploraros que recordéis vuestras responsabilidades, la responsabilidad de ser más elevadas, más espirituales; deberÃa recordaros que muchas cosas dependen de vosotras y la influencia que podéis ejercer sobre el porvenir. Pero estas exhortaciones se las podemos encargar sin riesgo, creo, al otro sexo, que las presentará, que ya las ha presentado, con mucha más elocuencia de la que yo podrÃa alcanzar. Aunque rebusque en mi mente, no encuentro ningún sentimiento noble acerca de ser compañeros e iguales e influenciar al mundo conduciéndole hacia fines más elevados. Sólo se me ocurre decir, breve y prosaicamente, que es mucho más importante ser uno mismo que cualquier otra cosa. No soñéis con influenciar a otra gente, os dirÃa si supiera hacerlo vibrar con exaltación. Pensad en las cosas en sÃ.