Una habitacion propia
Una habitacion propia Pero ¿cómo se hace? ¿Qué se me ocurre? A decir verdad, a menudo me gustan las mujeres. Me gusta su anticonvencionalismo. Me gusta su entereza. Me gusta su anonimidad. Me gusta… Pero no debo seguir asÃ. Aquel armario de allà sólo contiene servilletas limpias, decÃs; pero ¿qué pasarÃa si Sir Archibald Bodkin estuviera escondido entre ellas? Dejadme, pues, adoptar un tono más severo. ¿Os he comunicado con bastante claridad, en las palabras que han precedido, las advertencias y la reprobación del sector masculino de la Humanidad? Os he dicho en qué concepto tan bajo os tenÃa Mr. Oscar Browning. Os he indicado qué pensó un dÃa de vosotras Napoleón y qué piensa hoy Mussolini. Luego, por si acaso alguna de vosotras aspira a escribir novelas, he copiado para vuestro beneficio el consejo que os da el crÃtico de que reconozcáis valientemente las limitaciones de vuestro sexo. He hablado del profesor X y subrayado su afirmación de que las mujeres son intelectual, moral y fÃsicamente inferiores a los hombres. Os he entregado cuanto ha venido a mis manos sin ir yo en busca de ello, y aquà tenéis una advertencia final, procedente de Mr. John Langdon Davies.[27]
Mr. John Langdon Davies advierte a las mujeres que «cuando los niños dejen por completo de ser deseables, las mujeres dejarán del todo de ser necesarias». Espero que toméis buena nota.