Una habitacion propia
Una habitacion propia Bastante atareada estará Mary Carmichael con sólo observar, pensé, flotando todavÃa a cierta distancia de la página. Por ello me temo que sienta la tentación de convertirse en lo que es, en mi opinión, la rama menos interesante de la especie, la novelista naturalista, en lugar de la novelista contemplativa. Tiene ante los ojos tantos hechos nuevos que observar. No tendrá que limitarse más a las casas respetables de la clase media acomodada. Entrará sin amabilidad ni condescendencia, pero con espÃritu de camaraderÃa, en estas habitaciones pequeñas y perfumadas donde están sentadas la cortesana, la prostituta o la dama con el perrito faldero. TodavÃa están allÃ, con los vestidos toscos y de confección que el escritor varón no tuvo más remedio que ponerles. Pero Mary Carmichael sacará las tijeras y se los ajustará a cada hueco y ángulo. Será un espectáculo curioso, cuando llegue, ver a todas estas mujeres tal como son, pero debemos esperar un poco, porque todavÃa detendrá a Mary Carmichael aquella timidez en presencia del «pecado» que es el legado de nuestra barbarie sexual. TodavÃa llevará en los pies las viejas cadenas de pacotilla de la clase.