Sueño en el pabellón rojo
Sueño en el pabellón rojo Los otros se limitaron a elegir de todos ellos uno o dos que habían llamado su atención, pero la abuela Liu nunca había probado nada semejante; no era posible que aquellos bocaditos diminutos y frágiles pudieran saciar el hambre, de modo que ella y su nieto fueron probando de todos los tipos hasta que casi desapareció la mitad. Xifeng ordenó que el resto fuera colocado sobre dos platos y enviado a las actrices en una cesta.
Más tarde llegó Dajie, la hija de Xifeng, acompañada de su nodriza, y jugaron con ella un rato. La niña estaba entretenida con un pomelo cuando vio la «Mano de Buda» de Baner y quiso que se la diera. A pesar de que las doncellas le prometieron conseguirle una, la criatura se echó a llorar de impaciencia. Entonces, inmediatamente, entregaron el pomelo a Baner obligándole a separarse de su «Mano de Buda». Como el niño ya había jugado bastante con ella y ahora tenía las manos ocupadas con los pasteles que iba devorando, y como además el pomelo, redondo y oloroso, parecía más divertido, se deshizo sin protestas de la «Mano de Buda» y se dedicó a darle patadas a la fruta por todo el cuarto.
Apenas hubieron concluido aquella colación, la Anciana Dama llevó a la abuela Liu al convento del Enrejado Verde, donde la abadesa Miaoyu las hizo pasar inmediatamente al patio, exuberante de árboles y flores.