Sueño en el pabellón rojo
Sueño en el pabellón rojo —¿Y de qué están rellenos? —preguntó la Anciana Dama.
—De carne de cangrejo —le respondieron unas criadas.
La Anciana Dama frunció el ceño:
—¿A quién le podría apetecer ahora una cosa tan grasienta?
Tampoco unos coloridos pastelitos fritos con crema llamaron su atención. Después de cierta insistencia, la tía Xue probó un bizcocho. La Anciana Dama, por su parte, eligió un rollito, pero tras darle un bocado se lo pasó a una doncella.
A la abuela Liu le impresionaron la delicadeza y variedad de los confites, de entre los que seleccionó uno en forma de peonía.
—Ni la muchacha más hábil de nuestra aldea recortando con tijera podría hacer uno de papel tan bonito como éste —dijo—. Me muero de ganas de comérmelo, pero me parece una lástima. Sería estupendo poder llevarme uno para enseñárselo a la gente de la aldea.
Todos se echaron a reír.
—Cuando te vayas te daré una vasija llena de dulces para que la lleves a tu aldea —le prometió la Anciana Dama—, pero ahora prueba unos cuantos mientras aún están calientes.