Sueño en el pabellón rojo
Sueño en el pabellón rojo —Como dice la gente: «Otro paÃs, otras costumbres». Encerrada en un convento, como tú lo estás, el oro, las perlas, el jade y las joyas deben parecerte cosas vulgares.
Sumamente halagada por el comentario, Miaoyu mostró una inmensa copa tallada en raÃz de bambú y recubierta de nudos y vetas.
—Sólo me queda esta otra copa —dijo—. ¿Puedes apañarte con una tan grande?
—¡Por supuesto! —exclamó Baoyu con placer.
—Pero aunque puedas, no tengo té suficiente para que lo malgastes. ¿No conoces el proverbio que dice: «La primera taza se saborea, la segunda aplaca la sed de un tonto, la tercera sirve para que abreven un buey o un asno»? ¿Qué serÃas tú si bebieras tal cantidad de té?
Entre las risas de los demás, Miaoyu levantó la tetera y echó en la copa el equivalente a una taza pequeña. Baoyu probó parsimoniosamente el té y no tuvo elogios suficientes para su dulce pureza.
—Esta atención debes agradecérsela a tus primas —dijo afectadamente Miaoyu—. Si hubieras venido solo no te habrÃa ofrecido té.
—Lo sé, asà que se lo agradeceré a ellas —replicó Baoyu entre risas.
—Pues harás bien —concluyó la monja.
—¿También éste está hecho con agua de lluvia del año pasado? —preguntó Baoyu.