Sueño en el pabellón rojo
Sueño en el pabellón rojo —Claro —replicó él con una risita—. ¿Cómo voy a permitir que tú hables con una persona como la vieja Liu? Dámela a mÃ.
Miaoyu mandó que trajeran la taza y se la entregaran a Baoyu.
Al tomarla entre sus manos, el muchacho preguntó a la monja:
—¿Quieres que envÃe al salir de aquà a unos cuantos pajes con baldes de agua para que frieguen el suelo?
—Buena idea —sonrió ella—, pero que dejen los baldes junto a la puerta. No quiero que entren.
—Por supuesto —dijo Baoyu, y se retiró con la taza dentro de la manga.
Confió el objeto a una de las jóvenes doncellas de su abuela con las siguientes palabras:
—Entrega esto a la abuela Liu para que mañana se lo lleve a su casa.
Ya la Anciana Dama estaba preparada para marcharse y, en lugar de insistir para que se quedara, Miaoyu acompañó al grupo hasta la puerta y la cerró en cuanto hubieron salido.
La Anciana Dama se sintió algo cansada y pidió a la dama Wang y a las muchachas que fueran a beber algo con la tÃa Xue mientras ella descansaba en la aldea de la Fragancia del Arroz. Xifeng mandó traer una pequeña silla de manos de bambú. La Anciana Dama tomó asiento y se dejó llevar por dos criadas, y escoltar por Xifeng, Li Wan y todas sus doncellas y criadas mayores.