Sueño en el pabellón rojo
Sueño en el pabellón rojo Mientras tanto, también la tía Xue había partido. Después de despedir a las actrices y entregar las sobras de las cestas a las doncellas, la dama Wang pudo al fin estirarse sobre el sillón recién desocupado por su suegra. Llamó a una joven doncella para que echara la antepuerta y le diera un masaje en las piernas.
—Avísame cuando la Anciana Dama despierte —ordenó a la doncella. Y se acomodó para echar una siesta mientras la reunión se dispersaba.
Baoyu, Xiangyun y las otras muchachas contemplaron como las doncellas colocaban unas cestas de comida sobre las rocas y se disponían a descansar, unas sentadas sobre las rocas o sobre la hierba; otras apoyadas contra los árboles o paseando por la orilla del lago. El ambiente era bastante animado.
En aquel momento apareció Yuanyang para llevar a la abuela Liu de paseo, y los demás se dispusieron a participar de la diversión. Cuando llegaron al arco erigido con motivo de la visita al hogar de la concubina imperial, la vieja Liu exclamó:
—¡Vaya, qué templo tan enorme!
Dicho lo cual se lanzó a hacer koutou, lo que desató las carcajadas de los reunidos.
—¿Qué tiene de gracioso? —preguntó ella—. Conozco los caracteres de este arco. Donde vivo hay muchos: iguales. Son el nombre del templo.
—¿Y de qué templo se trata? —le preguntaron.