Sueño en el pabellón rojo
Sueño en el pabellón rojo Xiren le hizo un gesto para que guardara silencio, ya que no quería que el escándalo llegara a oídos de Baoyu. Inmediatamente echó varios puñados de incienso en el trípode y volvió a poner la tapa; luego arregló el pequeño cuarto. Por lo menos, la vieja Liu no había vomitado.
—Está bien —susurró Xiren apresuradamente—. Yo me encargaré de todo. Usted diga que se mareó y se echó a dormir sobre una de las rocas de afuera. Ahora venga conmigo.
La abuela Liu asintió y siguió dócilmente a Xiren hasta el cuarto de las doncellas jóvenes, donde Xiren la hizo sentarse. Dos tazas de té le devolvieron el ánimo suficiente para preguntar:
—¿De cuál de las jóvenes damitas es ese cuarto tan bello y elegante que pensé estar en el cielo?
—¿Ese cuarto? —sonrió Xiren—. Es el dormitorio del señor Bao.
La abuela Liu quedó muda de la impresión y Xiren la llevó a empujones a reunirse con el resto de la compañía.
—La abuela Liu se había quedado dormida sobre la hierba. Aquí la traigo de vuelta.
Y no dijo más.
Los demás, por su parte, no volvieron a pensar en el asunto. Y en eso quedó.