Sueño en el pabellón rojo
Sueño en el pabellón rojo «Debe haberse perdido, borracha como estaba —pensó Xiren—. Puede que haya tomado el sendero hacia el patio trasero. Si cruzó la cerca y entró por la puerta falsa, las muchachas de allí la habrán visto, aunque haya pasado tambaleándose. Si tomó otro camino y echó a andar hacia el sudoeste, confío en que haya encontrado la salida; si no, andará todavía deambulando por ahí. Iré a echar un vistazo.» Y con esa idea regresó al patio Rojo y Alegre. Llamó a las doncellas más jóvenes, que se habían quedado allí cuidando el lugar, pero éstas habían aprovechado la oportunidad para salir a jugar. Al pasar frente al biombo emparrado llegaron a sus oídos unos ronquidos portentosos y entró corriendo en el dormitorio, que apestaba a pedos y vino. Sobre la cama encontró a la abuela Liu tumbada con las piernas abiertas. Xiren se asustó al verla. Corriendo, se acercó y empezó a sacudirla hasta que consiguió despertarla. La abuela se incorporó de un salto al reconocer a la doncella.
—Hice mal, señorita —gritó—, pero le juro que no he ensuciado la cama.
Y mientras hablaba sacudía con las dos manos la ropa del lecho.