Sueño en el pabellón rojo

Sueño en el pabellón rojo

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—¿No pueden revolcarse en el fango sin arrastrarme a mí?

Y también ella empezó a arañar y abofetear a la esposa de Bao Er. Jia Lian había vuelto a casa con el ánimo alegre que produce la bebida, por lo cual la irrupción de su esposa le cogió por sorpresa y no atinó a articular respuesta; pero ahora que también Pinger estaba participando en la escena, él aprovechó para sufrir un ataque de apasionamiento beodo. Mientras fue Xifeng quien golpeaba a la esposa de Bao Er, Jia Lian se contuvo, contentándose con mirar enfurecido e intimidado, pero en cuanto intervino Pinger, él, tomando la iniciativa, le dio una patada.

—¡Maldita puta! —exclamó—. ¿Quién eres tú para levantar la mano contra esta mujer?

Temerosa de que volviera a golpearla, Pinger se retiró inmediatamente mientras protestaba entre hipidos:

—¿Por qué me implica a mí en las historias que cuenta a espaldas nuestras?

El pánico de Pinger ante Jia Lian avivó las brasas de la furia de Xifeng, que se abalanzó sobre ella golpeándola de nuevo mientras la azuzaba para que continuara golpeando a la esposa de Bao Er. En su desesperación, Pinger salió corriendo del cuarto en busca de un cuchillo para quitarse la vida, pero las criadas y doncellas que por allí había se lo impidieron e intentaron disuadirla.


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