Sueño en el pabellón rojo
Sueño en el pabellón rojo —Hace un rato regresé para cambiarme de ropa —contestó Xifeng entre sollozos—. Lian hablaba con alguien. No quise entrar, por si se trataba de un invitado, asà que me quedé escuchando detrás de la ventana. Era la esposa de Bao Er, y ambos estaban planeando envenenarme por arpÃa y poner a Pinger en mi lugar. A pesar de mi furia no me atrevà a enfrentarme con él; me limité a darle un par de bofetadas a Pinger y preguntarle por qué querÃa asesinarme. Entonces Lian montó en cólera y amenazó con matarme allà mismo.
La Anciana Dama y las demás creyeron su historia.
—¡Qué monstruo! —exclamó—. ¡Traed aquà a ese maldito!
Pero en ese momento irrumpió Jia Lian con la espada en la mano seguido por una multitud. Seguro de la habitual indulgencia de la Anciana Dama y confiado en la debilidad de su madre y de su tÃa, rugió y rabió en un gran alarde de fanfarronerÃa.
Furiosas, las damas Xing y Wang le cerraron el paso.
—¿Te has vuelto loco, degenerado? —le gritaron—. ¿Cómo te atreves a comportarte asà delante de la Anciana Dama?
Con una mirada de soslayo, él les respondió:
—La Anciana Dama es la responsable, con sus mimos, de que ahora incluso se atreva a insultarme —dijo señalando a Xifeng.