Sueño en el pabellón rojo
Sueño en el pabellón rojo —Todos somos primos, de modo que cuando uno de nosotros ofende a alguien yo deseo pedir disculpas en su nombre.
Y luego añadió:
—Es una lástima que hayas manchado tu ropa nueva. ¿Por qué no te pones algo de Xiren para que tu ropa pueda ser rociada con alcohol y planchada? Y también harías bien en peinarte.
Dicho lo cual, ordenó a unas jóvenes doncellas que trajeran agua y calentaran una plancha.
Ahora bien, Pinger sólo sabía de oídas lo atento que podía ser Baoyu con las muchachas, ya que, como ella era la concubina favorita de Jia Lian y la confidente de Xifeng, el muchacho siempre la había evitado, aunque siempre lamentando no poder prestarle más atención. El caso es que en aquel momento quedó secretamente impresionada por su conducta y se dijo: «Sí, está a la altura de su reputación. Es una persona realmente considerada».
Xiren abrió un arcón para sacar de él algunas prendas que rara vez usaba y entregarlas a Pinger, que se dio prisa en mudarse de ropa y lavarse la cara.