Sueño en el pabellón rojo
Sueño en el pabellón rojo En ese momento llegó Hupo con el mensaje de la Anciana Dama, que hizo que Pinger se sintiera mejor. Sin embargo, no regresó a los aposentos de Xifeng.
Después de reposar un rato, Baochai y las demás volvieron con la Anciana Dama y Xifeng. Por su parte, Baoyu invitó a Pinger al patio Rojo y Alegre, donde apareció Xiren para recibirla con una sonrisa de bienvenida.
—Estaba a punto de enviar a alguien para que te trajera —comentó—, pero la señora Zhu y las muchachas se me han adelantado.
Pinger se lo agradeció con una sonrisa.
—Esta tormenta se desató de la nada —dijo—. Yo no merecía semejante trato.
—La señora Lian suele ser muy buena contigo. Simplemente sucede que hoy tuvo un acceso de malhumor.
—No se lo reprocho a mi señora —repuso Pinger—, sino a esa perra que se ha inmiscuido en este asunto sólo para divertirse a mi costa; y al bruto de mi señor, que me ha golpeado en vez de a ella.
Pensar en aquella injusticia le produjo un nuevo estallido de llanto.
—Pero no te lo tomes así, hermana querida —le pidió Baoyu—. Déjame pedirte disculpas en su nombre.
—¿Qué tiene esto que ver con usted? —preguntó Pinger sonriendo.