Sueño en el pabellón rojo
Sueño en el pabellón rojo —Verás, hemos creado una academia poética —contestó Tanchun sonriente—, pero ni siquiera a la primera reunión hemos acudido todos. Sin duda esa falta de asistencia se debe a que nos falta una mano dura que imponga orden. Por eso se me ha ocurrido pedirte que te unas a nosotros como censora. Necesitamos en nuestra academia una persona estricta e imparcial que cumpla esa función. El otro motivo que nos trae aquà es que Xichun necesita un montón de cosas para pintar su cuadro del jardÃn. Se lo hemos comunicado a la Anciana Dama y nos ha dicho que en el almacén de abajo, en la parte trasera, puede haber algunos materiales sobrantes. Nos ha dado permiso para cogerlos, suponiendo que los encontremos; en caso contrario habrá que comprarlos afuera.
—No sirvo para componer poemas, ¿acaso es a comer a lo que me invitáis? —dijo Xifeng riendo.
—No te exigimos que sepas de poesÃa —repuso Tanchun—; sólo te pedimos que seas tú quien decida cómo castigar a quien no respete las normas.
—Ya sé lo que buscáis: no un censor, sino un tesorero que os mantenga abastecidas. Seguro que en esa academia os turnáis para hacer el papel de anfitriones, y como vuestras asignaciones mensuales no os alcanzan habéis ingeniado esta maniobra para sacarme a mà el dinero.
Todas se echaron a reÃr.
—¡Pero qué perspicaz es esta criatura de vidrio con corazón de cristal! —exclamó Li Wan.