Sueño en el pabellón rojo
Sueño en el pabellón rojo No sigáis cortejando el inútil sufrimiento.
Baoyu reconoció la voz de una muchacha y, antes de que acabara la canción, vio como aparecía desde detrás de la colina y se acercaba a él. Su apostura y la gracia con la que caminaba no eran las de una mortal. Lean, si no, su descripción:
Acaba de dejar la sombra de los sauces, y se acerca entre las flores. Su belleza sorprende a los pájaros en los árboles del patio, y un momento después se dibuja su silueta en la rotonda. Al moverse, las mangas de su vestido de hada despiden un aroma embriagador de almizcle y orquídea. Con cada crujido de sus prendas de loto tintinean sus zarcillos de jade.
Los hoyuelos sonrientes de sus mejillas se dirían un capullo de durazno primaveral; sus negros cabellos jaspeados de azul, un cúmulo de nubes. Sus labios son cerezas maduras, y dulce es el aliento de sus dientes de granada.
Nieve que arremolina el viento es la curva de su cintura. Deslumbrantes son sus perlas y esmeraldas; oro tierno el dibujo de su frente.
Ya disgustada o ya radiante, entra o sale entre las flores, avanza o retrocede flotando como alada sobre un lago.