Sueño en el pabellón rojo
Sueño en el pabellón rojo —Puede que mi alcoba sea digna de una inmortal —respondió Keqing con una sonrisa mientras extendía con sus propias manos una mantilla de seda lavada por Xi Shi[8]. Después, acomodó la almohada nupcial que había sido utilizada por Hongniang[9]. Amas y doncellas acostaron a Baoyu y salieron del cuarto, quedándose sólo cuatro como compañía: Xiren, Meiren, Qingwen y Sheyue. Keqing les dijo que esperasen en la terraza y se entretuvieran mirando a los gatitos y a los cachorros de perro que allí había, y procuraran evitar los ruidos que jugando hacían los animales.
En cuanto cerró los ojos, Baoyu se quedó dormido. Soñó que Qin Keqing caminaba delante de él, y la siguió distraídamente por un largo sendero hasta que llegaron a una escalinata de mármol blanco con barandas de color rojo, entre verdes árboles y arroyos cristalinos. Era un lugar apenas hollado por el hombre, fuera del alcance de los polvorientos torbellinos. En su sueño pensó contento: «Éste es un lugar agradable. ¡Si pudiera pasar aquí la vida entera! Lo cambiaría gustoso por mi hogar, donde mis padres y maestros me castigan cada día». Y ya se dejaba llevar por tanto gozo cuando oyó que alguien cantaba desde la otra ladera de una colina:
El sueño primaveral se alejó ya con las nubes.
Flores Caídas se pierden flotando por la corriente.
Escuchad este consejo, oh juventudes amantes: