Sueño en el pabellón rojo

Sueño en el pabellón rojo

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Las mujeres se echaron a reír:

—Está a muchos li de aquí, ¿cómo lo vamos a traer? Ya lo conocerá en otra ocasión.

Cuando llegaron a la alcoba de la joven señora fueron recibidos en el umbral por un aroma sutil que nubló los ojos de Baoyu y le derritió los huesos.

—¡Qué bien huele aquí! —exclamó.

Al entrar vio sobre el muro una pintura de Tang Bohu[1] que figuraba una dama durmiendo bajo las flores de un manzano silvestre en primavera. Dos rollos lo flanqueaban, donde el erudito Qin Guan[2], de la dinastía Song, había escrito:

El ligero frío que envuelve el sueño es el frescor de la primavera.

El efluvio que toma los sentidos del hombre es el aroma del vino.

Sobre el tocador había un finísimo ejemplar procedente de la galería de espejos de la emperatriz Wu Zetian[3]; a su lado, en una bandeja de oro sobre la que alguna vez danzó la favorita Zhao Feiyan[4], descansaba el membrillo que An Lushan arrojara contra Tai Zhen[5] hiriéndola en un pecho. En un extremo de la alcoba estaba el diván en el que había dormido la princesa Shouchang[6] en el palacio de Hanzhang; sobre el diván, las cortinas de perlas que enhebrara la princesa Tongchang[7].

—Qué bien se está aquí —repitió Baoyu extasiado.


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