Sueño en el pabellón rojo
Sueño en el pabellón rojo Qin Keqing condujo al grupo a un aposento interior, donde Baoyu se fijó en una hermosa pintura que figuraba «Un erudito estudiando a la luz de una antorcha». Le produjo aversión inmediatamente, sin ver siquiera quién era el autor. Entonces leyó el pareado que acompañaba el dibujo:
Quien conozca a fondo los asuntos terrenales,
obtendrá la sabiduría.
Quien capte profundamente los sentimientos humanos, dominará el arte de escribir.
Esas dos líneas le hicieron sentir tanto rechazo por el lugar, a pesar de su lujo y su refinamiento, que pidió ser llevado a otro sitio.
—Pero si éste no le gusta, ¿a qué otro aposento lo llevaremos que no sea el mío? —preguntó la anfitriona riendo—. Sea, venga entonces a mi cuarto.
Baoyu asintió con una sonrisa, pero una de sus amas protestó:
—No está bien que un tío duerma en el cuarto de la esposa de su sobrino.
—¡Vaya! —repuso sonriendo Keqing—. No ofendo a mi tío si digo que es todavía un niño. A su edad no tienen sentido tales prejuicios. ¿No vieron a mi hermano cuando vino el mes pasado? Estoy segura de que es más alto que mi tío Baoyu.
—¿Cómo no lo conocí? —preguntó Baoyu—. Tráelo que lo vea.