Sueño en el pabellón rojo
Sueño en el pabellón rojo —Ya que estás aquÃ, ¿por qué no visitas a tus vecinas?
—Eso es precisamente lo que le estaba diciendo —contestó Baochai.
—Pero no pases por nuestra casa —le aconsejó Pinger—. El señor Lian está allÃ, metido en la cama.
Xiangling hizo lo que se le habÃa dicho y visitó primero a la Anciana Dama. En cuanto hubo partido, Pinger tomó del brazo a Baochai.
—¿Ya se ha enterado de los últimos sucesos que han ocurrido en nuestra familia, señorita? —le susurró.
—No sé nada de nada —contestó Baochai—. Estos últimos dÃas he estado tan ocupada haciendo los preparativos para el viaje de mi hermano que no he oÃdo lo que sucede en tus aposentos. Ni siquiera he visto a mis primas desde hace un par de dÃas.
—¿Entonces no sabe lo de la paliza que le ha dado el señor She al señor Lian? Por eso está postrado en cama.
—Oà algo esta mañana, pero me negué a creerlo. Si no hubieras venido, ya estarÃa visitando a tu señora. ¿Por qué le pegó?