Sueño en el pabellón rojo
Sueño en el pabellón rojo —Nuestra Anciana Dama es por lo menos diez veces más inteligente que yo, y sin embargo ahà está, disfrutando de buena fortuna y larga vida, lo que me hace pensar que todavÃa puede crecer mi buena estrella. Quizás viva hasta los mil años y no muera hasta que nuestra anciana antepasada haya ascendido al ParaÃso Occidental.
—Pero eso no serÃa muy divertido —respondió la Anciana Dama—. ¿Todos muertos y sólo dos viejas diablesas sobreviviendo?
Aquella réplica desató las carcajadas de las reunidas.
Baoyu, que sólo pensaba en la enfermedad de Qingwen, fue el primero en recogerse. En el patio Rojo y Alegre encontró sus aposentos impregnados de un intenso aroma de plantas medicinales, pero completamente vacÃos. Sólo la enferma, tendida sobre el kang con el rostro encendido por la fiebre, se encontraba allÃ. Él le tocó ligeramente las mejillas con las yemas de los dedos, y como las encontró ardiendo corrió a calentarse las manos sobre el brasero para introducirlas después bajo las mantas y palpar su cuerpo, que ardÃa igualmente.
—No me extraña que las otras se hayan ido dejándote sola —dijo el muchacho—, pero ¿cómo es posible que Sheyue y Qiuwen hayan sido tan ingratas como para abandonarte?
A lo que respondió Qingwen: