Sueño en el pabellón rojo
Sueño en el pabellón rojo —Hoy voy a decir algo que he estado callando por temor a que Xifeng hiciera alarde de sus capacidades o las demás os quejarais de mà —les dijo la Anciana Dama—. Todas vosotras habéis sido cuñadas, antes y después de vuestros matrimonios. Decidme entonces, ¿alguna vez habéis conocido a una cuñada tan considerada como ella?
Y señaló a Xifeng.
—¡Es única entre mil! —dijeron al unÃsono las tÃas Xue y Li, y la señorita You—. Otras jóvenes casadas se limitan a hacer lo que les exige la etiqueta, pero ella en cambio se preocupa sinceramente por los parientes más jóvenes de su esposo y siente por usted verdadera veneración, señora.
La Anciana Dama asintió con un gesto de cabeza.
—Sin embargo, con todo lo que la quiero, por su propio interés temo que sea demasiado inteligente.
—En eso se equivoca, anciana antepasada —repuso Xifeng riendo—. Se dice que los más inteligentes no viven mucho tiempo. Bien está que otra gente lo diga y lo crea, pero es usted la única persona que no podrÃa hacerlo.
Y, dirigiéndose a las demás, explicó sus palabras: