Sueño en el pabellón rojo
Sueño en el pabellón rojo —Aquel día, después de lavarme las manos, me di cuenta de que lo había perdido. Mi señora me aconsejó qué no armara escándalo. Sin embargo, en cuanto salí del jardín ordenó a las amas de todos los aposentos de allí que lo buscaran cuidadosamente. Sospechábamos de la doncella de la señorita Xiuyan; pensamos que por ser pobre nunca había visto nada igual y que, impresionada, podía haberlo cogido. Nunca hubiéramos sospechado de una de las muchachas del señor Baoyu. Menos mal que la señora Lian no estaba presente cuando la señora Song me lo devolvió diciendo que había visto a la joven Zhuier cogiéndolo. Me precipité a recibirlo. Entonces no pude evitar pensar en la consideración que os tiene el señor Baoyu, y en lo orgulloso que está de vosotras; sin embargo, ha sido precisamente una de vosotras la que ha robado a una vecina. Hace ya dos años que Lianger cogió una pieza de jade y todavía las lenguas no han dejado de agitarse. Y ahora sale otra que roba una pieza de oro, ¡y además a una vecina! ¡Lástima que haya sido precisamente él, entre todos los señores, el desprestigiado por sus doncellas! Por eso, en cuanto pude, le pedí a la señora Song que no dijera nada a nadie de lo sucedido. Si esto llega a oídos de la Anciana Dama, de Baoyu o de la dama Wang, ¡no quiero pensar en su furia! Y además, todo esto os perjudicaría a vosotras. De modo que a la señora Lian le dije que se había soltado el broche del brazalete y se me había caído al suelo cuando iba camino de casa de la señora Zhou, y que la nieve amontonada me había impedido encontrarlo hasta hoy, cuando la nieve ya se ha derretido y el brazalete brillaba bajo el sol. Ella me creyó. Te cuento todo esto para que de ahora en adelante tomes precauciones y no envíes a Zhuier a cumplir ningún encargo. Discútelo con Xiren cuando regrese y buscad alguna excusa para despedir a esa chica.