Sueño en el pabellón rojo
Sueño en el pabellón rojo También Baoyu tenía mucho que decir, pero no sabía expresarlo con palabras. Después de una pensativa pausa añadió:
—Mañana podremos hablar otra vez.
Y bajó las escaleras con el mentón hundido en el pecho. De pronto, se volvió para preguntar:
—¿Toses mucho ahora que las noches son más largas? ¿Te desvelas muy a menudo?
—Anoche dormí bien —contestó ella—; no tuve más que dos ataques de tos. De todas formas, sólo conseguí dormir hasta la cuarta vigilia; entonces me desvelé y ya no pude volver a conciliar el sueño.
Baoyu se le acercó más y le dijo al oído:
—Acabo de recordar algo importante. Creo que ese nido de salangana que te ha mandado Baochai…
La llegada de la concubina Zhao, que venía a interesarse por la salud de Daiyu, interrumpió bruscamente sus palabras.
Daiyu sabía que se trataba de una mera visita de cortesía; la concubina venía de paso desde los aposentos de Tanchun. La invitó a sentarse y comentó:
—Es muy considerado por su parte venir a verme con tanto frío.