Sueño en el pabellón rojo
Sueño en el pabellón rojo En el sur del rÃo Han[8], la primavera en mis ojos.
¿Cómo puedes, corazón, permanecer insensible a tantos recuerdos[9]?
—¡No está nada mal! —fue el juicio general—. Está mucho mejor de lo que algunos chinos somos capaces de hacer.
Mientras hablaban entró Sheyue a anunciar:
—La señora manda decir al señor Bao que visite a su tÃo a primera hora de la mañana. Quiere que le desee larga vida en su nombre y le explique que ella no se siente bien como para acudir en persona.
Baoyu, que se habÃa incorporado para recibir las instrucciones de su madre, preguntó a Baochai y a Baoqin si ellas también irÃan.
—No —respondió Baochai—, ayer mismo enviamos nuestros regalos.
Charlaron un momento más y después se separaron.
Baoyu habÃa dicho a sus primas que echaran a andar, que él las seguirÃa, pero entonces Daiyu preguntó:
—¿Cuándo volverá Xiren?
—No antes de los funerales —contestó él.
Daiyu estuvo a punto de decir algo, pero de un golpe se sumió en sus pensamientos y sólo acertó a añadir:
—Bueno, vete entonces.