Sueño en el pabellón rojo
Sueño en el pabellón rojo —Toma a tu hija y márchate, cuñada —intervino Sheyue—. Quizás en cualquier otro momento puedas dar tu opinión, pero éste no es lugar para protestas y crÃticas. ¿Alguna vez has visto a alguien hacer lo que tú estás haciendo? Incluso las señoras Lai y Lin están obligadas a tratamos con cierto respeto, ¡cuanto más tú! En cuanto a usar o no su nombre, se sabe que es algo que venimos haciendo por orden de la Anciana Dama desde que el señor Bao era un niño. ¿Acaso su nombre no fue escrito y colocado por todas partes para que todos lo usaran, por temor a que de otro modo muriera joven? ¡Pero si hasta los aguadores, los basureros y los mendigos lo usan…! ¡Cómo no lo Ãbamos a hacer nosotras! Sólo el otro dÃa, por primera vez, la Anciana Dama riñó a la señora Lin por llamarlo «joven señor». Además, como todo el dÃa estamos entrando y saliendo para informar de todo a la Anciana Dama, es obvio que no podemos referirnos a él como «señor». Usamos su nombre doscientas veces al dÃa. Resulta extraño que nos critiques por eso. Algún dÃa, cuando tengas tiempo, podrás oÃrnos utilizar su nombre delante de la Anciana Dama y de la dama Wang; puede que entonces lo comprendas. Por supuesto, no nos sorprende que ignores las reglas de los aposentos interiores, puesto que no tienes asuntos importantes que tratar con las damas de la casa y te pasas los dÃas más allá del portón de entrada. Éste no es lugar para que andes tú merodeando. Si lo haces vendrá la gente a preguntarte el motivo, aunque nosotras no digamos nada. Anda, llévate a tu hija. Si no estás satisfecha quéjate a la señora Lin y pÃdele que hable del asunto con el señor Bao. En esta casa hay cerca de mil personas. Si tú vienes un dÃa y los demás otros, ¿cómo sabremos quién es quién? No podemos tener a todo el mundo corriendo de aquà para allá…