Sueño en el pabellón rojo
Sueño en el pabellón rojo La Anciana Dama había mandado invitar a todos los miembros del clan, pero algunos eran demasiado ancianos para disfrutar de la algarabía que solían acarrear tales celebraciones; otros no tenían quien les guardara la casa en su ausencia; otros estaban postrados en el lecho; otros envidiaban a los ricos y se avergonzaban de su propia pobreza; otros detestaban o temían a Xifeng; otros eran tímidos y tenían poca costumbre de hacer visitas. Por uno u otro motivo, muchos miembros de la familia no quisieron o no pudieron asistir. Por eso, a pesar de ser un clan numeroso, sólo una pariente aceptó la invitación: la madre de Jia Jun, nacida Lou, que llevó consigo a su hijo. Los únicos hombres fueron Jia Qin, Jia Yun, Jia Chang y Jia Ling, que trabajaban a las órdenes de Xifeng. Pero a pesar de lo menguado de la asistencia, fue un banquete familiar sumamente animado.
Entonces llegó la esposa de Lin Zhixiao a la cabeza de seis criadas que traían mesas bajas, cada una cubierta de fieltro rojo y montones de relucientes monedas de cobre recién acuñadas, ensartadas con un hilito rojo. La señora Lin hizo poner dos de esas mesas frente a las tías Xue y Li y la otra delante de la Anciana Dama, que le dijo dónde debía ser situada. Entonces las criadas, conocedoras de las costumbres familiares, desataron las monedas y las ordenaron en pequeñas pilas.