Sueño en el pabellón rojo
Sueño en el pabellón rojo Ya todas, salvo las damas Xing y Wang, se habían incorporado y mantenían los brazos pegados a los costados, en actitud respetuosa. Entonces Jia Zhen y Jia Lian se encaminaron hacia el diván de la Anciana Dama y, como era bajo, se arrodillaron; primero Jia Zhen con la copa, y detrás Jia Lian con la jarra. El brindis era ofrecido sólo por ellos dos, pero los jóvenes, que aunque habían entrado en tropel encabezados por Jia Huan no habían dejado de respetar las conveniencias del rango y la jerarquía, hincaron la rodilla en tierra imitando a sus mayores. Baoyu se apresuró a hacer lo propio.
—¿Por qué te arrodillas? —le susurró Xiangyun dándole un empujoncito—. Mejor sería qué propusieras tú mismo un brindis.
—Después lo haré —repuso él en voz baja, y sólo se incorporó cuando lo hicieron sus primos, después de que el licor hubiera sido escanciado.
Tras su brindis en honor de la Anciana Dama, Jia Zhen y Jia Lian se habían incorporado de nuevo para servir sucesivamente a las damas Xing y Wang.
—¿Y qué hacemos con nuestras jóvenes damitas? —preguntó Jia Zhen.
—Retiraos y no las molestéis —respondieron la anciana y las otras damas.
Obediente, Jia Zhen salió seguido por los jóvenes.